Javier Pastore comenzó a hacer sus primeras armas futbolísticas en Talleres de Córdoba, uno de los más importantes equipos del interior argentino. Sin embargo, el joven a poco andar llegó por intermedio de su representante a Huracán, donde se probó y finalmente quedó. Pocos meses más tarde, el chaval, en concordancia con el fútbol propuesto por el equipo de Cappa y con la inestimable ayuda de compañeros como Defederico o Bolatti, conquistó a propios y extraños con su clase, elegancia, habilidad y capacidad de trabajo desde la mediapunta.
Pastore, a pesar de estar bien dotado físicamente (mide 1,87, aunque no es muy corpulento; de ahí su apodo de "el flaco"), no responde a ese ejemplo de jugador nulo con los pies, ni mucho menos. Capacidad goleadora, para abastecer a sus compañeros, para tocar y para captar a la perfección los conceptos futbolísticos que Angel Cappa propone. Javier fue el hombre que precisaba Huracán para convertirse en la sensación del fútbol argentino y poder optar a un campeonato que ganó solamente en 1973.
Como era de esperar, las ofertas por Pastore no se han hecho esperar y seguirán en ascenso durante el mercado veraniego. Si bien se especula que un grupo empresarial podría hacerse con su ficha y llevarlo al fútbol escocés, el excelente presente que está demostrando de seguro lo transportará a un liga de mayor envergadura. De momento, otros como la Lazio están interesados en un jugador que, de seguir en línea ascendente, puede llegar a ganarse un lugar en la selección argentina en un plazo no tan lejano.









































